La Biblioteca se une a los departamentos de Literatura Española y Periodismo en la conmemoración de octogésimo aniversario del fallecimiento de Matilde de la Torre. En torno a la autora, política y folklorista cántabra se celebrará desde el Seminario Ada Lovelace de la Facultad, los días 29 y 30 de abril, un simposio virtual internacional al que la Biblioteca se une con un punto de lectura en planta de calle de la Biblioteca y una exposición virtual en Almena.

Matilde de la Torre (Cabezón de la Sal, 1884 – Ciudad de México, 1946) es una figura polifacética de nuestra Edad de Plata todavía por descubrir. Su actividad política la llevo a ser una de las primeras diputadas en las Cortes republicanas entre 1933 y 1936, luego en el exilio al que la abocó su compromiso, así como fugazmente parte del gobierno de Largo Caballero.
Sus inicios fueron como pedagoga, llegando a contar con centro de enseñanza propio, la Academia Torre, una escuela pionera por su carácter mixto y de innovación educativa en consonancia con su momento histórico (Escuela Nueva, Institución Libre de Enseñanza o las Misiones Pedagógicas). En este sentido, comparte profesión con otras intelectuales de la Edad de Plata, muchas de ellas también escritoras, como María Lejárraga o María Goyri. Con muchas de ellas comparte inquietudes feministas, en su caso vinculadas al pacifismo, y espacios de sociabilidad femenina como el Lyceum Club Femenino, del que este año se celebra su centenario.
Su pasión por las letras dio como fruto novelas y ensayos: Jardín de damas curiosas, Don Quijote, rey de España, El ágora, El banquete de Saturno (que se reeditará este año), Mares en la sombra y Diarios de las Cortes republicanas, así como un ingente número de artículos en periódicos, medio que le dio fama y visibilidad. También fue una folklorista entusiasta y se dedicó a recopilar canciones y danzas montañesas. Con el orfeón campesino Voces cántabras recorrió la geografía nacional apostando por la educación de los trabajadores a través de la música y danza tradicionales.
Estaba emparentada con notables figuras intelectuales y artísticas cántabras como Concha Espina, María Blanchard, Consuelo Berges y Josefina de la Maza. Se desenvolvió en círculos diversos de la política y la cultura con mujeres de la relevancia de Clara Campoamor, Margarita Nelken, Isabel Oyarzábal de Palencia o Hildergard Rodríguez, así como con los grandes hombres de la política española o el eximio doctor Madrazo.
Las penurias de la guerra civil y su exilio en México deterioraron en extremo su salud, aunque mantuvo su actividad política y periodística hasta la muerte. Tras su entierro en el Panteón Español, la desmemoria cayó sobre su obra y figura. Desde finales de los años 70 se ha recuperado parte de su obra literaria y en la última década los estudios históricos, filológicos y musicológicos se han multiplicado. Fue repatriada a su Cabezón natal en marzo de este año, coincidiendo con los 80 años desde su fallecimiento, una efeméride que se convierte en una oportunidad para recuperar su memoria.